Las instituciones suelen escribir como si sus lectores fueran infinitamente pacientes, dispuestos a seguir párrafos largos y explicaciones cuidadosamente estructuradas, y preparados para releer un mensaje varias veces antes de decidir si se aplica a ellos. Este modelo sigue asumiendo que la falta de comprensión conduce al esfuerzo. Para muchos miembros de la Generación Z, la falta de comprensión conduce más a menudo a la desconexión.
Esto se interpreta con frecuencia como una falta de atención o de seriedad; sin embargo, la investigación sugiere una explicación diferente. La Generación Z no rechaza la información en sí, sino que reacciona con fuerza ante una comunicación que no hace visible su propósito desde el principio. Al haber crecido en un flujo constante de mensajes, notificaciones y narrativas en competencia, tienden a evaluar muy rápidamente si un texto les indica por qué es importante y qué se espera de ellos. Cuando esto no está claro, el mensaje no se debate. Se ignora.
Los estudios sobre las actitudes comunicativas de la Generación Z muestran una fuerte preferencia por la estructura, las reglas explícitas y las expectativas claramente definidas, especialmente en contextos institucionales. Esta generación valora la claridad no como una comodidad, sino como una condición para la confianza. No les inquietan los sistemas complejos, pero desconfían del lenguaje vago que parece diseñado para suavizar responsabilidades o posponer decisiones.
Al mismo tiempo, su estilo de comunicación cotidiana difiere notablemente del de generaciones mayores. La investigación comparativa sobre la comunicación en línea muestra que la Generación Z tiende a usar menos palabras, se apoya más en imágenes y señales visuales, y a menudo sustituye la explicación por referencias compartidas o lenguaje simbólico. Las generaciones mayores, especialmente la Generación X, tienden a preferir textos más largos, razonamientos explícitos y frases completas. Ningún enfoque es intrínsecamente mejor. La tensión surge cuando la comunicación institucional sigue privilegiando solo uno de estos estilos mientras lo presenta como neutral.
La mayor parte de la comunicación pública y organizacional sigue un modelo abstracto, cargado de texto, que recompensa la resistencia más que la comprensión. Los mensajes están llenos de expresiones tranquilizadoras pero imprecisas como “apoyo”, “oportunidades” o “procedimientos adecuados”, que suenan profesionales pero rara vez explican lo que realmente va a suceder. Para muchos lectores jóvenes, este lenguaje no resulta inclusivo. Resulta evasivo.
Esto tiene consecuencias concretas cuando la comunicación está vinculada al acceso. Los servicios para jóvenes, los sistemas educativos, el apoyo a la vivienda y la información sanitaria suelen depender de instrucciones escritas para poder utilizarse con éxito. Cuando estas instrucciones no están claras, se espera que los jóvenes compensen preguntando, buscando aclaraciones o perseverando pese a la incertidumbre. Tanto la investigación como la experiencia en el terreno sugieren que muchos no lo hacen. El silencio, en este contexto, no es indiferencia, sino retirada.
Los jóvenes de la Generación Z en situación de marginación se ven especialmente afectados por esta dinámica. La comunicación poco clara exige confianza, familiaridad con los códigos institucionales y la creencia de que uno tiene derecho a preguntar. Cuando cada mensaje parece escrito para otra persona, la desconexión se convierte en una respuesta comprensible.
Es importante señalar que a menudo se describe a la Generación Z como poco seria o excesivamente informal; sin embargo, la investigación muestra un panorama más complejo. Esta generación demuestra una fuerte conciencia de las responsabilidades sociales, los marcos legales y los límites éticos. Lo que tiende a rechazar no es la formalidad, sino el vacío. Un lenguaje que suena cuidadoso, pero dice muy poco se percibe no como respetuoso, sino como poco fiable.
El lenguaje claro responde a esta brecha sin rebajar la ambición. Al centrarse en una estructura clara, una redacción concreta y acciones explícitas, permite a las instituciones comunicar la complejidad sin ocultarse tras ella. Para la Generación Z, la claridad transmite respeto y responsabilidad. Sugiere que la comprensión es lo esperado, no algo opcional.
A veces, las instituciones temen que un lenguaje más claro debilite su autoridad. Para muchos lectores de la Generación Z ocurre lo contrario. La claridad refuerza la credibilidad, mientras que la opacidad genera sospecha. En este sentido, adaptar la comunicación no consiste en seguir tendencias, sino en reconocer que el lenguaje poco claro ya no es neutral. Es una barrera.
Bibliografía
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